Una heladería y una lágrima, después otra. Nada raro en mi.
Un CD de Beethoven,
una duda existencial acerca de la función de mi cuerpo en el universo,
y de mi relación con las estaciones,
y una reflexión de lo ilimitado y efímero del tiempo,
como la señora nostálgica que recuerda sus años de adolescencia y cintura,
y sabe con certeza que todo cambió.
Como corre el tiempo! Dijo "El Indio".
Y me doy cuenta del proceso que estoy viviendo,
lo peor es eso Dai, darse cuenta, no el proceso.
Es entonces cuando prefiero mi habitación antes que una heladería,
como si tuviese una habitación,
me olvido que mi casa no tiene paredes.
Me gustaría tener las paredes que tiene la chirusa.
Esque los sábados me pegan mal Cristian, y lo sabes,
Desde lo del ladrillo más en el muro, lo sabes,
Siento todo diferente y lo sabes.
Antes era el invierno, ahora son los sábados cálidos los que traen recuerdos.
Mirá! Un César que llega de viaje.
Un Caín que viene del teatro.
La luna mágica que parece Marte
Una cámara de fotos.
Y cuando me estoy durmiendo pienso en escribir esta "carta".
Esta vez no hay palabras de diccionario,
esta vez solo pienso en mi tía canadiense que debe estar preocupada,
porque hace rato no le llegan noticias de mi,
después de ese tiempo que viví en su casa.
Un "Abanico de Soltera" que me hace llorar por el duende.
Un beso.
Ese beso no parecía un beso, apareció como un sueño,
yo dormía y parecía un sueño, parecía un beso, un sueño que nunca termina,
porque en el sueño no hay tiempo ni espacio,
en el sueño no está el tiempo efímero,
en el sueño no existe el indio la luna la pared el abanico,
por eso a veces quiero vivir en los sueños,
ese beso parecía eterno.
Creo que eso fue lo más hermoso de todo el fin de semana,
la realidad mezclada con el sueño que hace que los actos sean infinitos.
Y finaliza en lluvia… ya es lunes.
Daiana Toledo
No hay comentarios:
Publicar un comentario